Por Héctor Morales Santibáñez
Ser hacedores de la palabra y no solo oidores es un llamado claro que encontramos en Santiago 1:22: «Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.» Este pasaje nos desafía a vivir en coherencia con lo que creemos, evitando la auto decepción que surge cuando nuestras acciones no reflejan nuestra fe. No se trata de un mero conocimiento intelectual, sino de una transformación que se evidencia en cómo tratamos a los demás, cómo enfrentamos las pruebas y cómo buscamos la justicia en nuestro diario vivir.
Permanecer firmes en Dios requiere una dependencia constante de Él, como lo expresa Salmos 37:23-24: «Por Jehová son ordenados los pasos del hombre, y Él aprueba su camino. Cuando el hombre cayere, no quedará postrado, porque Jehová sostiene su mano.» Esta promesa nos recuerda que, aunque tropecemos o enfrentemos dificultades, no estamos solos. Dios sostiene a quienes confían en Él, y es en esa confianza donde encontramos la fortaleza para seguir adelante, incluso cuando el camino parece incierto.
Jesús también nos enseña la importancia de echar raíces profundas en Su palabra para permanecer firmes. En Mateo 7:24-25 dice: «Cualquiera, pues, que me oye estas palabras y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió la lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca.» La firmeza no se basa en nuestras fuerzas, sino en la solidez de la roca que es Cristo. Cuando nuestras vidas están cimentadas en Él, ninguna tormenta podrá derribarnos, porque Su verdad es nuestro fundamento inquebrantable.






